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¿Por qué tus alumnos no te prestan atención?

¿Conocés esa reacción física y emocional que te invade cuando tus alumnos NO TE PRESTAN ATENCIÓN?

Empieza con una sensación de vacío en el estómago.

Continúa con la impresión de que tus rodillas se debilitan.

Luego la cara se te enrojece.

Tu voz comienza a emitir ideas inconexas mientras se te seca la boca.

Tartamudeás, anunciando tu deseo de salir corriendo del salón.

 

Así es. Has perdido el contacto con tus alumnos, no te están escuchando, ni prestando atención.

Esto es porque ellos se preguntan: ¿para qué sirve todo esto?

El síndrome “¿Para qué me sirve esto?” impide que te presten atención.

Impide que tus alumnos te supliquen que les expliques.

Impide que estén ansiosos porque empiece tu clase.

Impide que se desilusionen cuando la clase acaba.

Impide que estén listos para poner en práctica el contenido entregado.

Mira a continuación como atrapar la atención de tus alumnos

 

 

 Cómo Superar El Síndrome: “¿Y Esto Para Qué Me Sirve?”

La forma más efectiva: fomentá los deseos y necesidades de tus alumnos.

Usé “FOMENTAR” y no “CREAR” o “INVENTAR” o “PROVOCAR” un deseo en ellos.

Tus alumnos ya tienen un puñado de deseos, y no hace falta inventarles un deseo.

Tu tarea es descubrirlos, y enlazar tu materia con la satisfacción de esos deseos.

Ellos necesitan saber al comenzar tu clase que podrán satisfacer sus deseos.

Jesús, el Maestro de Maestros, Ejemplifica Este Camino

La enseñanza de Jesús siempre respondía a los deseos y necesidades de sus oyentes.

Si los deseos o necesidades de sus oyentes eran obvios, Jesús los suplía inmediatamente.

Si no los conocían, Jesús les ayudaba a clarificarlos, y luego los satisfacía con su enseñanza.

Su punto de partida no era su propio contenido, sino los deseos y necesidades de sus oyentes.

No enseñés para responder a un programa designado.

Enseñá para responder a los deseos y necesidades de tus alumnos.

Conectá tu clase con esos deseos y necesidades y evitarás la apatía y falta de motivación.